No necesariamente ocurre de golpe.
A veces es algo más sutil: empiezas a sentirte distinta,
más cansada, más irritable, más desconectada…
y poco a poco, lo que te pasa empieza a ocupar
más espacio que tú.
La ansiedad, una relación, el malestar, la duda.
Todo se vuelve más grande, más presente.
Experiencias traumáticas o relaciones que han dejado huella.
Ansiedad, bloqueo emocional o sensación de estar desbordada.
Dificultades en los vínculos, miedo al abandono o dependencia.
Inseguridad, culpa, autocrítica o pérdida de identidad.
Cambios vitales, duelos o momentos de ruptura.
No todos los procesos de crecimiento comienzan en una consulta.
Algunas nacen alrededor de una decisión, de un proyecto o de una pregunta que lleva tiempo buscando respuesta.